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Baltasar Gracián es uno de los grandes creadores de la prosa del Barroco. Su obra es básicamente filosófica, didáctica y moral, por lo que lo relacionamos con el género ensayístico, que tendrá su máximo apogeo en el siglo XVIII. Aunque escribió una novela, El Criticón, siempre se ha considerado como un medio literario para exponer sus pensamientos filosóficos, su interpretación de la existencia. Esta actitud filosófica es común a otras obras y autores, pero llega a un grado extremo en Gracián.
La creación de Baltasar Gracián, pensador tenaz de poderoso ingenio satírico, surge de la postura básica del desengaño: «el desengaño, para ir bien había de estar en la entrada misma del mundo, en el umbral de la vida.«
Su obra es un intento de expresar su antropovisión: el hombre es un lobo para el hombre; la vida es lucha y no debe uno conformarse con ir trampeando, como el pícaro; hay que vencer con armas eficaces: prudencia, entendida como «industria», astucia, cautela, reserva, simulación. Cada uno debe crear un arte de vivir: esconder parte de lo que se es y representar y parecer lo que no se es.
Gracián se caracterizó por el ingenio verbal, por la precisión y el rigor expresivos. La lengua se hace en Gracián estricta, fiel a su lema «Lo bueno, si breve, dos veces bueno». Persiguió la máxima concisión y alcanzó una lengua hermética, dirigida a una minoría culta.
En 1647 publica el Oráculo Manual y Arte de Prudencia. Se trata de un conjunto de trescientos pequeños textos, meditaciones en torno al comportamiento del ser humano. Cada uno de ellos está formado por una frase sintética, a veces críptica, que es comentada a continuación. Los pensamientos tienen un carácter eminentemente práctico, se trata de enseñanzas para la vida.
Este “arte de prudencia” tiene gran vigencia en la actualidad, como lo demuestra el hecho de que una reciente versión al inglés, titulada The Art of Worldly Wisdom: A Pocket Oracle, llegó a vender más de cincuenta mil ejemplares en el ámbito anglosajón, presentado como un manual de autoayuda para ejecutivos.
Os incluyo un fragmento a continuación. Disfrutadlo:
Es el único intento novelístico de Gracián, aunque su verdadera pretensión es exponer su visión crítica, pesimista y llena de desengaño sobre el hombre y el mundo. Se divide en tres partes publicadas en diferentes momentos y lugares: la primera, en Zaragoza en 1651; la segunda, en Huesca en 1653; la tercera, en Madrid en 1657.
Esta novela filosófica culminó el proceso de desnovelización, iniciado por el Guzmán de Alfarache con sus digresiones morales, y continuado por El Buscón con su tratamiento caricaturesco.
La desnovelización se produce en la novela cuando los elementos realistas que la configuran –personajes, espacios, anécdotas, etc.– pierden su carácter realista y adquieren otra dimensión, como la simbólica, la metafórica o la alegórica, o cuando la propia novela en su conjunto sustituye su finalidad de imitación de la vida por otros fines como los morales o éticos.
Gracián sustituyó el tratamiento realista por el simbolismo y la reflexión filosófica sobre la existencia y la condición humana bajo el prisma de la intención moral, la visión pesimista del mundo y el concepto de la vida como una lucha llena de trampas para el hombre.
Gracián utilizó la estructura de la novela bizantina para narrar el peregrinaje de sus dos protagonistas, Critilo y Andrenio (símbolos del hombre-juicio y el hombre-instinto), por tierras de España, Francia, Alemania e Italia, tomadas como lugares alegóricos que se correspondían con las cuatro edades de la vida: niñez, juventud, madurez y vejez.
El argumento es sencillo: Critilo, náufrago frente a la isla de Santa Elena, es salvado por Andrenio, encuentro crucial del que arranca toda la obra (es el encuentro entre la razón, la prudencia y el desarrollo, simbolizado por Critilo, con el estado natural, inculto y primitivo que encarna Andrenio); la continuación, siempre por los caminos de la alegoría, es un largo periplo durante el cual Critilo alecciona a Andrenio sobre la falsedad y los engaños del mundo. Todo, personajes, tierras y gentes, es simbólico.
Este argumento está dividido en tres partes, que corresponden a las tres publicaciones indicadas, tituladas respectivamente: «En la primavera de la niñez y en el estío de la juventud», «En el otoño de la varonil edad», y «En el invierno de la vejez». Estas tres partes se dividen, a su vez, en numerosos capítulos denominados «Crisis» (de ahí el título de Criticón, que significa conjunto de «crisis» y que tiene el sentido de críticas.
La novela está estructurada como una peregrinatio vitae (peregrinación de la vida) que se sustenta sobre el dualismo apariencia /realidad expresado alegóricamente.
El contenido ideológico del Criticón es muy variado. Pretende ser la visión sobre el paso del hombre por la vida, sobre la verdad disfrazada, sobre la verdad disfrazada, sobre la posibilidad humana de escoger lo engañosamente inmoral o lo virtuoso. En la base de todo, está, además de otros tópicos del Barroco, la idea del «mundo al revés». La visión del mundo de Gracián es, tal vez, la más pesimista del Barroco, y su ética, una lucha contra un mundo adverso en el que hay que salvar el propio ser y la inmortalidad por el «piélago de la Fama».
El lenguaje y el estilo son de una extraordinaria riqueza. Todo en el libro está presidido por los principios expuestos en Agudeza y arte de ingenio. El afán de Gracián es condensar en pocas palabras considerable doctrina. Todo lo sacrifica a la concisión. Su cuidado lenguaje se manifiesta en el juego de palabras, en las ingeniosas transmutaciones, en las alusiones, paralelismos, contraposiciones, metáforas y, en general, en todo tipo de procedimientos retóricos. Además, la sintaxis se complica en amplios periodos y si a todo esto se añade la continua alegoría con el doble plano real y simbólico, no es de extrañar la dificultad y complejidad de esta obra.
Podéis leer un fragmento del Libro segundo:
Renuncia el hombre inclinaciones de siete en siete años: ¡cuánto más alternará genios en cada una de sus cuatro edades! Comienza a medio vivir quien poco o nada percibe: ociosas pasan las potencias en la niñez, aun las vulgares (que las nobles, sepultadas yacen en una puerilidad insensible), punto menos que bruto, aumentándose con las plantas y vegetándose con las flores. Pero llega el tiempo en que también el alma sale de mantillas, ejerce ya la vida sensitiva, entra en la jovial juventud, que de allí tomó apellido: ¡Qué sensual, qué delicioso! no atiende sino a holgarse el que nada entiende, no vaca al noble ingenio, sino al delicioso genio: Sigue sus gustos, cuando tan malo le tiene. Llega al fin, pues siempre tarde, a la vida racional y muy de hombre, ya discurre y se desvela; y porque se reconoce hombre, trata de ser persona, estima el ser estimado, anhela al valer, abraza la virtud, logra la amistad, solicita el saber, atesora noticias y atiende a todo sublime empleo. Acertadamente discurría quien comparaba el vivir del hombre al correr del agua, cuando todos morimos y como ella nos vamos deslizando. Es la niñez fuente risueña: nace entre menudas arenas, que de los polvos de la nada salen los lodos del cuerpo, brolla tan clara como sencilla, ríe lo que no murmura, bulle entre campanillas de viento, arrúllase entre pucheros y cíñese de verduras que la fajan. Precipítase ya la mocedad en un impetuoso torrente, corre, salta, se arroja y se despeña, tropezando con las guijas, rifando con las flores, va echando espumas, se enturbia y se enfurece. Sosiégase, ya río, en la varonil edad. Va pasando tan callado cuan profundo, caudalosamente vagoroso, todo es fondo, sin ruido; dilátase espaciosamente grave, fertiliza los campos, fortalece las ciudades, enriquece las provincias y de todas maneras aprovecha. Mas ¡ay!, que al cabo viene a parar en el amargo mar de la vejez, abismo de achaques, sin que le falte una gota; allí pierden los ríos sus bríos, su nombre y su dulzura; va a orza el carcomido bajel, haciendo agua por cien partes y a cada instante zozobrando entre borrascas tan deshechas que le deshacen, hasta dar al través con dolor y con dolores en el abismo de un sepulcro, quedando encallado en perpetuo olvido.
La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes nos ofrece abundante material para aquellos/as que os sintáis interesados/as por la obra de Baltasar Gracián.
También podéis consultar la página de Elena Cantarino sobre Gracián.
Podéis echar un vistazo también al estado de la cuestión de los estudios sobre Gracián en este estudio de la eminente Aurora Egido, profesora de la Universidad de Zaragoza, especialista en la literatura de los Siglos de Oro y miembro de la Real Academia de la Lengua.
De la misma profesora podemos oír unas excelentes conferencias pronunciadas en la Fundación Juan March:
La primera conferencia se titula: Baltasar Gracián, su vida, su obra, su tiempo: el curso de la vida en un discurso y la podéis escuchar aquí:
https://www.ivoox.com/aurora-egido-baltasar-gracian-su-vida-su_md_13480169_wp_1.mp3 Ir a descargar
La segunda se titula: De la agudeza nominal a la agudeza de acción.
https://www.ivoox.com/aurora-egido-de-agudeza-nominal-a-la_md_13515657_wp_1.mp3 Ir a descargar
La Institución Fernando el Católico ha digitalizado las obras de Gracián. Consúltalas aquí.
También podéis echarle un vistazo a la página de Emilio Blanco sobre el autor aragonés.
La Gran Enciclopedia Aragonesa ha dedicado varios artículos a Baltasar Gracián. Puedes consultarlos aquí.
La Universidad de Zaragoza os ofrece también diversos materiales en su página Gracián Virtual.
Para terminar un poema del escritor argentino Jorge Luis Borges, titulado Baltasar Gracián:
Rinconete y Cortadillo es una de las Novelas ejemplares de Cervantes que bien podría adscribirse al género picaresco. Narra la historia de dos ladronzuelos, Rincón y Cortado, que llegan a Sevilla huyendo de una de sus andanzas anteriores y buscando mejores oportunidades para vivir. Sus aspiraciones se ven frustradas al descubrir que en la ciudad no tienen derecho a trabajar libremente, no tienen independencia ni pueden quedarse con las ganancias de sus hurtos, pues deben rendir cuentas de ellos al astuto Monipodio. Este establece las normas que los ladrones de la ciudad deben acatar si quieren seguir a salvo.
Si os apetece leer la novela, no tenéis más que pedirla en la Biblioteca: disponemos de muchos ejemplares; pero seguro que a algunos de vosotros os da pereza leer, pero os encanta que os lean. Para vosotros están pensados los audiolibros. Dadle al play.
Para trabajar la lectura os he preparado una presentación de ppt. Podéis verla aquí:
Y si sois de los que leen con música, aquí tenéis una selección de música barroca española. ¡A disfrutar!
Se denominan romances un tipo de poemas narrativos y anónimos que estaban destinados al canto. En general, los romances están compuestos por series indefinidas de versos octosílabos, con rima asonante en los pares, aunque pueden encontrarse romances con versos de nueve, siete y hasta seis sílabas, y también algunos con rima consonante.
El Romancero es el conjunto de composiciones literarios que tratan temas de actualidad social o personal, mezclando lo narrativo con lo sentimental. Utilizan para ello unos recursos lingüísticos y métricos sencillos acuñados por la tradición.
La rima asonante de los romances es herencia de los «mesteres» y apenas tienen función artística. Su valor reside fundamentalmente en ser un recurso mnemotécnico, es decir, facilitar la memorización a través de las reiteraciones fonéticas finales y de otros elementos morfosintácticos internos. La facilidad para memorizarse es clave en una situación de analfabetismo general como la existente hasta épocas recientes.
En la Baja Edad Media, con la nueva mentalidad individualista y sentimental, nace el Romancero como continuación de las funciones informativas y patrióticas que antes habían tenido los cantares épicos y los poemas narrativos. Persiste en él la preocupación por los problemas inmediatos. De aquí, y de la persistencia histórica y artística del Romancero hasta hoy, nace su complejidad temática y su organización en ciclos o conjuntos de romances que desarrollan un tema común.
1) Romancero Viejo: Romances de los siglos XV y XVI. Son romances orales, tradicionales y anónimos.
2) Romancero Nuevo: Romances elaborados a partir del siglo XVII hasta la actualidad. Estos romances son escritos por escritores que admiran las composiciones anteriores y las imitan.
Los romances, nacidos en la Baja Edad Media y propagados en las épocas tienen sus orígenes en los poemas épicos. A partir de estos poemas, los juglares, estudiando las reacciones del auditorio, van adaptando el género narrativo a los gustos del momento. De este modo, público y juglar se convierten en verdaderos coautores del Romancero que vive en continuo proceso de remodelación. Público y juglar van haciendo desaparecer los pasajes grandilocuentes y heroicos de los poemas épicos en favor de los episódicos y sentimentales. De este modo, surge el Romancero noticiero y fronterizo.
La invención de la imprenta en el siglo XV favoreció enormemente la difusión de los romances. Durante el siglo XVI se hicieron masivas y baratas reproducciones de romances, que se denominaron pliegos de cordel o de caña, porque así se presentaban a la venta en los portales y en las tiendas.
En la corte renacentista de los Reyes Católicos aparece la figura del poeta culto (el trovador), interesado en las formas expresivas populares. Así, son recuperados los antiguos cantares épicos y fijados por escrito en poemas más o menos cultos y en crónicas. El trovador, igualmente, interviene en la reelaboración de los temas épicos del Romancero y utiliza el romance para expresar sus intereses artísticos, cortesanos o humanísticos. Con él surge el Romancero novelesco y sentimental y a otros como el mitológico y el bíblico o religioso.
A la muerte del último rey visigodo, Vitiza, se produjo una división del reino en dos bandos: los partidarios del heredero de Vitiza y los de don Rodrigo, que será el vencedor. Los musulmanes, en lo que llamaban su Guerra Santa, habían llegado a Marruecos y allí habían establecido relación con Olián, jefe de una tribu cristiano-marroquí, y seguidor de Vitiza. Cuando don Rodrigo sube al poder, Olián (que en el Romancero será llamado don Julián) se alió con los árabes, les entregó la ciudad de Ceuta y les invitó a atravesar el Estrecho, para ayudar a los vitizanos.
En el año 710 pasó un grupo no muy numeroso al mando de Tarif. En el 711 se presentó Tarik con un ejército mayor que, tras la batalla de Guadalete, derrotó a don Rodrigo, traicionado por los vitizanos. A partir de ese momento, los árabes se extienden por la península ibérica.
La imaginación popular y los intereses político-militares configuraron una leyenda sobre estos hechos, con versiones adecuadas a cada bando en litigio. Los acontecimientos quedaron resumidos de la siguiente manera:
a) Episodios de amor y de venganza. La hija de don Olián (don Julián) había sido deshonrada en Toledo por don Rodrigo. Don Julián se vengó dejando pasar a los árabes.
b) Episodio de la traición. Los mozárabes cristianos que permanecieron en el territorio invadeido, convierten a Vitiza en culpable, y los árabes y vitizanos, a don Rodrigo.
Estas leyendas, perdidas en la tradición oral, quedaron recogidas en las crónicas, narraciones escritas en latín o en romance, de los acontecimientos más importantes. Y así llega la leyenda de don Rodrigo y la pérdida de España a la segunda mitad del siglo XV, cuando predomina el gusto por lo caballeresco y lo novelesco.
La figura de Bernardo del Carpio, su actitud de rebeldía contra el rey de inquina contra los franceses tiene sus orígenes en estos dos hechos históricos:
a) El resentimiento de la nobleza rebelde astur-leonesa contra Alfonso II el Casto (792-842) quien prescinde de sus servicios y, para luchar contra los árabes, se alía con Luis el Piadoso, gobernador de Carlomagno en la Aquitania francesa. Como consecuencia de esta ayuda, los franceses obtienen una serie de compensaciones, lo que hará aumentar el malestar de la nobleza astur-leonesa.
b) En el año 778, Carlomagno penetra por Cataluña, desplaza a los árabes hacia el sur y llega hasta Zaragoza. A su vuelta es derrotado en Roncesvalles. No está claro quién ni cómo consiguió esta victoria. Los franceses tratan de justificar lo que fue un error táctico inventándose una traición. Los españoles contrarrestan esta versión creando el personaje de Bernardo del Carpio, quien encarna los comportamientos sentidos por la dolida nobleza frente a la presencia francesa.
La Reconquista avanza hacia el sur y los cristianos llevan la frontera desde las montañas asturianas hasta el Duero. En esta tierra fronteriza nace el condado de Castilla. De sus condes, Fernán González es el que tiene las circunstancias político-militares propicias y la astucia suficiente para convertir el territorio en un condado independiente de León.
Castilla nace en medio de tres enemigos: los árabes por el Sur, Navarra por el Nordeste y León por el Noroeste. Fernán González y los castellanos aprovechan la debilidad del reino leonés para independizarse, apoyan a Navarra y persisten en la defensa de su territorio contra los árabes. La situación obliga a Fernán González y a los castellanos, a un comportamiento astuto y heroico que los cantores del Romancero van a recoger.
Este ciclo desarrolla el conflicto sangriento que descompone la familia castellana de Gonzalo Gustioz y doña Sancha, conflicto que debió de existir en la realidad.
Ruy Velázquez, valiente caballero castellano, se casa con doña Lambra de Bureba, mujer malvada y resentida. A las bodas asiste el matrimonio Gustioz con sus siete hijos. En los juegos del festejo, un caballero fanfarrón que ha insultado a los castellanos muere a manos de Gonzalo González, el menor de los Gustioz. Esto provoca que doña Lambra convenza a su marido castigue a los infantes de manera ejemplar. Ruy Velázquez envía a don Gonzalo con un mensaje a Córdoba para que lo ejecute Almanzor y finge un encuentro con los moros que en realidad es una emboscada donde mueren los siete infantes y su ayo.
Don Gonzalo está preso en Córdoba cuando llegan las cabezas de sus hijos. Almanzor lo llama para que las reconozca y el padre llora y habla con cada una de ellas. Conmovido, Almanzor le recompensa con la compañía de una dama mora, con la que tendrá un hijo, Mudarra González, que con el tiempo matará a Ruy Velázquez y a doña Lambra, vengando así a su familia.
El romancero sobre el tema del Cid es uno de los más extensos y complejos de los de tema épico.
La conversión de Castilla en reino condujo a la conversión del Cid en el personaje más destacado de la historia castellana. Sobre hechos históricos exactos, prevalecen en el conocimiento popular las transformaciones que en ellos ejercen los sentimientos. De héroe guerre, el Cid pasa pronto a ser líder político, como lo fue Fernán González.
El joven Cid, reelaborado en el siglo XIV, carece ya de rasgos épicos. Se da en él una mezcla rara de caballerosidad, aventurera y patriotismo castellano. Todo ello origina un persona bravucón, rebelde e insolente. Entre los múltiples episodios que protagoniza, cabría destacar los que han tenido más éxito en el Romancero como son los que se refieren a sus relaciones sentimentales con doña Jimena, que ha quedado huérfana por una pendencia de honor de su padre con el Cid; los romances que se refieren al cerco de Zamora; los amores de doña Urraca y el Cid; la traición de Bellido Dolfos; la muerte de Sancho II; el desafío entre zamoranos y castellanos que concluye en tablas, y, sobre todo, los romances que nacen del primitivo Cantar de Mio Cid; las luchas del Cid y los moros en torno a Valencia, las bodas de las hijas del Cid con los infantes de Carrión, su deshonra en el robledo de Corpes y el desafío final para vengar tal afrenta.
El Romancero noticiero nace en el siglo XIV, recogiendo directamente sus contenidos de los acontecimientos más sugestivos del momento.
Castilla y el cristianismo han consolidado su superioridad frente a los árabes. Se ha cumplido la epopeya del asentamiento geográfico y cultura, recogida, como hemos visto en el Romancero épico. Pero aún falta una epopeya, la del asentamiento político; la de la lucha de la burguesía por hacer valer sus derechos ante la nobleza y el alto clero. Esta es la epopeya presente en el Romancero noticiero.
Durante los siglos XIV y XV se lucha en Castilla por la consolidación de la sociedad burguesa moderna o por la continuidad de los privilegios feudales de la nobleza y del alto clero. La burguesía pierde esta batalla y la nobleza impone sus criterios políticos y culturales. El Romancero deja de ser noticiero y verídico para recoger las actitudes y comportamientos de la nobleza.
A mediados del siglo XV se extiende entre los nobles la mentalidad caballeresca y aventurera, nacida de los libros de caballerías y las novelas sentimentales, de moda en ese momento. La conquista del reino de Granada proporciona el marco para las gestas, idealizadas según el gusto de la época, que darán como fruto los romances fronterizos.
El Renacimiento supone una revolución en el mundo cultural. La ciencia y el arte buscan sus fuentes de información y sus modelos de expresión en la antigüedad clásica grecolatina. La religión rechaza el ritualismo medieval y busca nuevos modelos en la Biblia y en los primeros años del cristianismo. Existe una actitud de recuperación del pasado más genuino que alcanza también al Romancero. Porque si en el siglo XIV se componen los romances, es éste el momento en que se recopilan en unos tomos pequeños, llamados Romanceros.
En España, a diferencia de otros países europeos, persisten las actitudes caballerescas y sentimentales aristocráticas de la Baja Edad Media. Esta mentalidad aristocrática gusta y pone de moda la narrativa caballeresca, la sentimental, la de aventuras o bizantina, la pastoril y la de tema religioso.
El Romancero no hizo sino recoger estos temas que eran de interés preferente en aquella sociedad. Los de contenido humanista (temas mitológicos y religiosos) fueron menos frecuentes, frente a los de tema popular, muy aceptados a pesar de que no fueron recogidos en textos escritos, quedando relegados a romances de tradición oral.
La Biblioteca Virtual Cervantes ha digitalizado el Romancero General o Colección de romances castellanos anteriores al siglo XVIII, si te apetece leerlos, haz clic aquí.
La Universidad de Washington ha creado una base de datos panhispánica de romances. En ella podrás leer numerosos romances clasificados por su época, el lugar de procedencia, la lengua, el tema y la disponibilidad de la música. Muy interesante.
Como hemos estudiado en clase, se conservan todavía romances de la tradición judía medieval a través de la comunidad sefardí. Si te interesa saber algo más sobre estos romances puedes consultar este enlace.
Los romances son un género de transmisión eminentemente oral. Por ello, qué mejor opción para disfrutar de ellos que oírlos recitados por diversos actores:
Romance la jura de Santa Gadea recitado porManuel Dicenta.
Romance la muerte de don Álvaro de Luna recitado por Luis Prendes.
Romance de Rosaflorida, recitado por Luis Prendes.
Romance del infante vengador, recitado por Manuel Dicenta.
Romance de Abenámar, recitado por Manuel López Castilleja
Romance de Fontefrida, recitado por Manuel López Castilleja
Romance del moro que perdió Valencia, recitado por Manuel López Castilleja.
Romance Yo m’era mora Moraima, recitado por Manuel López Castilleja.
Romance de la luna, luna de Federico García Lorca, recitado por Ayanta Barilli.
Por último, unos romances compuestos por alumnos de 3º y 4º de ESO del Instituto Santa Luisa de Marillac, leídos por ellos mismos en la Radio Escolar Santa Luisa de Marillac.
Como sabemos, a los romances se les ponía música. Aquí podéis ver una versión musicalizada del Romance del enamorado y la muerte, interpretado por Amancio Prada:
O el Romance del conde Arnaldos, también interpretado por Amancio Prada:
Y, por último, el magnífico Romance del prisionero:
Mientras lees la entrada puedes escuchar el Nocturno Op.9 nº 1 de Fredéric Chopin, uno de los compositores favoritos de Bécquer.
La producción lírica de Gustavo Adolfo Bécquer representa una proporción escasa respecto de su obra en prosa; sin embargo, su poesía ha marcado la trayectoria de la lírica moderna.
Si bien es cierto que su poesía expresa sentimientos y reflexiones producidas por la experiencia vital, los textos de Bécquer no surgen como un proceso de catarsis, no tienen carácter autobiográfico. El sentimiento descrito no coincide con el momento de elaboración del poema. El autor se encargó de hacer explícito este punto en su Carta II:
Las Rimas son setenta y nueve poemas breves, de los cuales solo quince se publicaron en vida del autor. Bécquer preparó un manuscrito de las Rimas para el ministro González Bravo, quien se había comprometido a publicarlas, pero ese original desapareció durante los tumultos acaecidos en 1868. Posteriormente, el autor reprodujo los textos de memoria, sin un orden determinado, en un volumen que tituló Libro de los gorriones, bajo el epígrafe «Poesías que recuerdo del libro perdido».
Tras la muerte del poeta, sus amigos Casado del Alisal, Nombela, Campillo, Rodríguez Correa y Augusto Ferrán prepararon una edición de las Rimas, publicada en 1871, en la que los poemas aparecían ordenados en cuatro grupos:
El tema de estos poemas es la reflexión sobre la creación poética y sus motivos básicos: el amor, el misterio, etc. La poesía se capta en el mundo exterior: en la naturaleza, en la mujer. La poesía es revivir la emoción inesperada, sobre todo, por la mujer que enamora al poeta. Pero no es sencillo encontrar la expresión precisa para transmitir ideas y sentimientos.
El principal tema es un amor ilusionado y apasionado que aparece junto al de la belleza femenina. Al principio la mujer amada parece intangible, delicada y angelical, produce tan hermosos sentimientos que no es alcanzable porque no es real. No hay más contacto que el de las miradas y los suspiros.
El amor sigue siendo el tema fundamental, pero en estas rimas se presenta un amor desengañado, poetizado con melancolía y en ocasiones con ira. Cuando se alcanza el goce con una mujer real, llega demasiado pronto la ruptura, abandono y desengaño por una amante.
Están presentes otros temas románticos como la angustia, la desesperanza, el dolor de la existencia, el olvido, la soledad y la muerte. Cuando el artista presiente la muerte, se suele aferrar a la vida por medio del amor; pero, como el amor ya no existe, sublima el dolor amoroso en la poesía para conferir sentido a la vida. Cuando el recuerdo amoroso es dolor —el dolor amargo del amor ausente— y se hace irresistible, en el Romanticismo, solo cabe la muerte para liberarse.
En 1914 se dio a conocer el manuscrito del Libro de los gorriones (preparado por el autor en 1868), que cuestionaba el ordenamiento de la edición de 1871 e incluía tres rimas más (77 a 79). En las ediciones posteriores de las Rimas, los poemas llevan un número romano (el de la edición de 1871) y otro arábigo (el del Libro de los gorriones).
Los núcleos temáticos de la poesía de Bécquer están relacionados en muchos casos con el ordenamiento que sus amigos realizaron de las Rimas.
Para Bécquer, la poesía existe en la vida misma, es inherente al mundo que nos rodea. El poeta trata de captarla y transmitirla por medio del poema.
La poesía es sentimiento que, en Bécquer, se identifica con los femenino. Ese sujeto femenino significa a veces lo ideal, aquello que se busca, pero no se puede lograr. La sensibilidad que Bécquer considera propia de la mujer puede también manifestarse en el poeta, que tratará de plasmarla en sus versos.
El lenguaje es insuficiente para transmitir esa poesía: hay que seleccionar y elaborar. Construir un poema significa un arduo trabajo sobre la lengua. En la Rima 42 (III) Bécquer expresa la lucha entre la inspiración y razón.
El amor, relacionado con la poesía, la naturaleza y Dios, es el tema central de las Rimas; es un ideal inalcanzable, y la amada, un ser inaccesible, «intangible».
Si bien algunos poemas manifiestan un sentimiento optimista, la mayoría transmite el fracaso de la experiencia amorosa, el «desengaño». La decepción se manifiesta, unas veces, con ironía, crueldad y sarcasmo, y otras, con la angustia más profunda y la desesperación sin límites del yo poético.
La soledad es un sentimiento consustancial al yo lírico romántico, para el que la naturaleza, aun en su aspecto más agresivo, puede constituir un refugio. El individuo se siente solo en la inmensidad del mundo y no encuentra respuestas para los interrogantes vitales (¿De dónde vengo?; ¿Adónde voy?). La soledad se intensifica frente al enigma de la muerte y queda simbolizada en la tumba abandonada, que ya todos ignoran.
La realidad se percibe como una integración de lo racional y lo soñado; existe una fusión entre mundo y sueño. Los sueños permiten la expresión del espíritu y la fantasía, en ellos se presentan zonas y seres misteriosos, desconocidos, de un mundo de visiones que enriquece la percepción del universo.
Aunque la naturaleza es a veces un marco impasible e indiferente, en muchas de las poesías de Bécquer es expresión de los sentimientos del yo lírico, quien busca la integración en el mundo natural. En general se presenta en constante movimiento, y las imágenes relacionadas con la luz y el aire adquieren especial importancia.
En la poesía de Bécquer se percibe una cuidada elaboración y la búsqueda en sucesivas correcciones de formas adecuadas.
Una gran parte de las rimas está estructura desde la presencia explícita o implícita del emisor (yo) que apela al receptor (tú). Sin embargo, en la mayoría de los poemas, el diálogo no se produce porque el tú suele hallarse ausente del contexto de la comunicación.
Entre los sujetos amorosos puede haber unión, aspiraciones de fusión o bien disyunción, que señala la imposibilidad del amor.
La relación entre el tú y el yo puede alcanzar, en la Rimas, un plano simbólico, en el que el tú/mujer se identifica con la poesía, el yo/hombre, con el poeta.
El ritmo, tan importante en la poesía de Bécquer, suele evidenciarse en la presencia de bimembraciones, establecidas con distintas clases de palabras (adjetivos, verbos, sustantivos: huérfano y pobre; riza y empuja; luz y oro) o sintagmas (soy incorpórea, soy intangible). Estas bimembraciones, frecuentemente antitéticas (lágrimas y risas), se unen al paralelismo. En ocasiones, ambos recursos se convierten en la estructura misma del poema, que se organiza en conjuntos dominados por la antítesis.
En la poesía de Bécquer predominan la asonancia y la mezcla de versos endecasílabos y heptasílabos, aunque también cultiva formas tradicionales. A veces utiliza la estrofa de pie quebrado o combina versos de desigual número de sílabas.
La distribución de los acentos en el verso y los paralelismos y las anáforas como elementos ordenadores del poema son los elementos fundamentales del ritmo poético becqueriano. El abundante uso del encabalgamiento acercan su verso a la prosa y le confiere mayor naturalidad.
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