La verdadera libertad cristiana y la salvación dependen exclusivamente de la obra perfecta y consumada de Jesucristo en la cruz, y no del cumplimiento de ritos, ceremonias o reglas humanas. El título enfatiza que, tras el sacrificio de Cristo, insistir en prácticas ceremoniales del pasado o en requisitos añadidos por tradiciones religiosas equivale a seguir imposiciones humanas que carecen de valor espiritual y que, por el contrario, pueden convertirse en una carga que desvía la fe del único fundamento sólido: la vida, muerte y resurrección de Jesús.