Lectura Diaria del Santo Evangelio y su Meditación

Lectura Diaria del Santo Evangelio y su Meditación

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Lectura Diaria del Santo Evangelio y su Meditación episodes

  • Evangelio del Domingo 7 de Septiembre. Lucas 14,25-33.

    Lc 14,25-33.


    Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo:

    "Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.

    El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

    ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?

    No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo:

    'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'.

    ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?

    Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.

    De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo."

    5 min
  • Evangdlio del Sábado 6 de Septiembre. Lucas 6,1-5

    Lc 6,1-5.


    Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían.

    Algunos fariseos les dijeron: "¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?".

    Jesús les respondió: "¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,

    cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?".

    Después les dijo: "El hijo del hombre es dueño del sábado".

    6 min
  • Evangelio del Viernes 5 de Septiembre. Lucas 5,33-39

    Lc 5,33-39.


    En aquel tiempo, los escribas y los fariseos dijeron a Jesús: "Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben".

    Jesús les contestó: "¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos?

    Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar".

    Les hizo además esta comparación: "Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido viejo.

    Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más.

    ¡A vino nuevo, odres nuevos!

    Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor".

    6 min
  • Evangelio del Jueves 4 de Septiembre. Lucas 5,1-11

    Lc 5,1-11.


    En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.

    Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.

    Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.

    Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes".

    Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes".

    Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse.

    Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

    Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador".

    El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido;

    y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres".

    Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

    6 min
  • Evangelio del Miércoles 3 de Septiembre. Lucas 4,38-44

    Lc 4,38-44.


    Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella.

    Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.

    Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.

    De muchos salían demonios, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.

    Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos.

    Pero él les dijo: "También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado".

    Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

    6 min
  • Evangelio del Martes 2 de Septiembre. Lucas 4,31-37.

    Lc 4,31-37.


    Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados.

    Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.

    En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza;

    "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".

    Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño.

    El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: "¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!".

    Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.

    5 min
  • Evangelio del Lunes 1 de Septiembre. Lucas 4,16-30.

    Lc 4,16-30.


    Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.

    Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

    El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos

    y proclamar un año de gracia del Señor.

    Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.

    Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".

    Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?".

    Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún".

    Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.

    Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país.

    Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.

    También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".

    Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron

    y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.

    Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

    6 min
  • Evangelio del Domingo 31 de Agosto. Lucas 14,1.7-14

    Lc 14,1.7-14.


    Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente.

    Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:

    "Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú,

    y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: 'Déjale el sitio', y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.

    Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: 'Amigo, acércate más', y así quedarás bien delante de todos los invitados.

    Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".

    Después dijo al que lo había invitado: "Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.

    Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.

    ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!".

    6 min
  • Evangelio del Sábado 30 de Agosto. Santa Rosa de Lima. Mateo 13,44-46

    Mt 13,44-46.


    Jesús dijo a la multitud:

    "El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

    El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;

    y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró."

    6 min
  • Evangelio del Viernes 29 de Agosto. Martirio de San Juan Bautista. Marcos 6,17-29

    Mc 6,17-29.


    Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado.

    Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano".

    Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía,

    porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.

    Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea.

    La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré".

    Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".

    Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió esta.

    La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".

    El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.

    En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.

    El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.

    Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

    6 min

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