Lectura Diaria del Santo Evangelio y su Meditación

Lectura Diaria del Santo Evangelio y su Meditación

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Lectura Diaria del Santo Evangelio y su Meditación episodes

  • Evangelio del Lunes 23 de Septiembre. Lucas 8,16-18.

    Lc 8,16-18.


    Jesús dijo a la gente:

    "No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.

    Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.

    Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener".

    6 min
  • Evangelio del Domingo 22 de Septiembre. Marcos 9,30-37

    Mc 9,30-37.


    Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera,

    porque enseñaba y les decía: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará".

    Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.

    Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: "¿De qué hablaban en el camino?".

    Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.

    Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: "El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos".

    Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:

    "El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado".


    6 min
  • Evangelio del Sábado 21 de Septiembre. Mateo 9,9-13.

    Mt 9,9-13.


    Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El se levantó y lo siguió.

    Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos.

    Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: "¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?".

    Jesús, que había oído, respondió: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.

    Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".

    6 min
  • Evangelio del Viernes 20 de Septiembre. Lucas 8,1-3

    Lc 8,1-3.


    Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce

    y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;

    Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

    6 min
  • Evangelio del Jueves 19 de Septiembre. Lucas 7,36-50

    Lc 7,36-50.


    Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa.

    Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume.

    Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.

    Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!".

    Pero Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". "Di, Maestro!", respondió él.

    "Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta.

    Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?".

    Simón contestó: "Pienso que aquel a quien perdonó más". Jesús le dijo: "Has juzgado bien".

    Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.

    Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies.

    Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies.

    Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor".

    Después dijo a la mujer: "Tus pecados te son perdonados".

    Los invitados pensaron: "¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?".

    Pero Jesús dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado, vete en paz".

    6 min
  • Evangelio del Miércoles 18 de Septiembre. Lucas 7,31-35

    Lc 7,31-35.


    Dijo el Señor: «¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen?

    Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos: '¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'.

    Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'.

    Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: '¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!'.

    Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos.»

    6 min
  • Evangelio del Martes 17 de Septiembre. Lucas 7,11-17

    Lc 7,11-17.


    Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.

    Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.

    Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: "No llores".

    Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: "Joven, yo te lo ordeno, levántate".

    El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.

    Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: "Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo".

    El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.

    5 min
  • Evangelio del Lunes 16 de Septiembre. Lucas 7,1-10

    Lc 7,1-10.


    Cuando Jesús terminó de decir todas estas cosas al pueblo, entró en Cafarnaún.

    Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho.

    Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor.

    Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: "El merece que le hagas este favor,

    porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga".

    Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: "Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa;

    por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.

    Porque yo -que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes- cuando digo a uno: 'Ve', él va; y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: '¡Tienes que hacer esto!', él lo hace".

    Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: "Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe".

    Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.

    6 min
  • Evangelio del Domingo 15 de Septiembre. Marcos 8,27-35

    Mc 8,27-35.


    Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?".

    Ellos le respondieron: "Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas".

    "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro respondió: "Tú eres el Mesías".

    Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.

    Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días;

    y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.

    Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".

    Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

    Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.

    6 min
  • Evangelio del Sábado 14 de Septiembre. Juan 3,13-17.

    Jn 3,13-17.


    Jesús dijo a Nicodemo:

    «Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

    De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,

    para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.

    Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.

    Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»


    5 min

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