“Enséñanos a contar de tal modo nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.”
(Salmo 90:12, NBLA)
Al llegar al final de otro año, reflexionamos sobre los días que nos depara el próximo año, que ya asoma a nuestras puertas. En este momento, quiero compartir con ustedes algunas lecciones que la experiencia de los días pasados nos ha brindado:
Hemos sido testigos del santo amor que nos permitió nacer en el tiempo y la familia en que lo hicimos. La gracia eterna de Dios nos mostró la lejanía en la que estábamos de Él antes de conocer a Jesucristo como nuestro Salvador.
Descubrimos que el Dios y Padre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, es ahora nuestro Dios y Padre y el Espíritu Santo nuestro consolador.
Comprendimos que, así como el Señor Jesús vino para salvarnos, también pronto volverá para llevarnos al lugar que Él preparó para los suyos y así estar siempre con Él.
Descubrimos que Dios es Soberano y que sus propósitos eternos serán cumplidos a la perfección, en la forma y en el tiempo que ha dispuesto y que, finalmente, todo será para alabanza de la gloria de su gracia.
Ahora nos reconocemos como adoradores de Dios y siervos de Jesucristo. Aprendemos a adorar y a servir cada día de manera más profunda al sumergirnos en las Santas, fieles, inerrantes, suficientes y autoritativas Escrituras. Estas, como una lámpara que ilumina nuestro camino, nos guían con su luz para entender cómo llevar a cabo este servicio y adoración de manera más completa.
Dios nos ha rodeado de favores y misericordias, proveyendo para nuestras necesidades tanto espirituales como materiales.
Desde que creímos, Dios ha estado trabajando en nosotros para conformarnos a la imagen de su Hijo, y confiamos en que la obra será completada en el día de Jesucristo. Aprendimos así que todas las cosas que Dios permite que ocurran en nuestras vidas son con este propósito.
Nos aferramos a la seguridad de que nada ni nadie nos arrebatará de la mano del Padre y del Hijo, experimentando un amor inmenso día tras día.
A pesar de las dificultades, el Señor ha sido nuestro fiel Pastor, guiándonos aún por valles de sombra y de muerte, confortando nuestras almas y guiándonos por sendas de justicia.
Aunque el futuro es incierto en este mundo, tenemos al Espíritu Santo como guía y maestro, instruyéndonos a través de la Palabra del Señor y enseñándonos a confiar en sus promesas.
Podríamos añadir más, hay tanto por agradecer, tanto por aprender, es un aprendizaje constante, no debemos detenernos aquí; debemos ser diligentes: aprender a elegir el bien sobre el mal, discernir la voluntad de Dios sobre la nuestra, ser agradecidos, mansos y humildes de corazón, y sobre todo, aprender a amar cada día en cada aspecto de nuestras vidas, recordando que la esencia del amor es un impulso hacia fuera, hacia los demás. Como dijo un hermano: "La comprensión del amor de Dios solo puede venir mediante un arraigo y una cimentación en el amor, producidos por la práctica de la comunión con Cristo" (Trenchard). Así que, como Pablo afirma en su carta a los Efesios, que solo por el amor puede haber aumento de comprensión espiritual.
De tal manera que el ciclo es: amor -> obediencia -> aprendizaje espiritual. De esta forma, y solo por este camino, podremos aprender "a contar nuestros días”, (como reza este Salmo 90), viendo cómo en ellos se manifiesta la sabiduría para aprender a conducirnos sabiamente, esperando su pronto y glorioso regreso.
Oremos sinceramente para que cada día del próximo año, nuestros corazones se inclinen hacia este propósito.