A veces, como cristianos, sentimos que volvemos a fallar en lo mismo y creemos que estamos atrapados en un ciclo del que no podemos salir.
Pero la verdad es que ya no somos esclavos. Dios nos ha dado un nuevo corazón, uno que desea agradarle, aunque todavía estemos siendo moldeados.
Esta reflexión te recuerda que:
• La lucha no significa esclavitud
• Fallar no cancela tu nueva identidad
• La transformación es un proceso real
• Cristo ya rompió las cadenas, incluso cuando tus emociones digan lo contrario
No estás repitiendo un ciclo… estás caminando, creciendo y siendo renovado cada día.