Existe una confusión ponzoñosa entre libertad, que es inherente a la condición humana, e individualismo que supone actuar al margen de los demás y las normas generales, y conduce al libertinaje. Libertad que las sociedades democráticas reconocen como un derecho inalienable que exige de responsabilidad, personal y colectiva, porque implica la toma continua de decisiones ante los retos de la vida, que llevo a Sartre a decir aquello de que el hombre está condenado a ser libre. Elección, que como esencia de la libertad, nos pone en situaciones difíciles cuando colisionan diferentes derechos, porque olvidamos que en cada momento concreto, y más si es de excepcionalidad, la elección debe guiarse por favorecer el bien común. Elección que puede ser criticable, pero que no supone un recorte de derechos si alcanza a todos los colectivos; y más cuando la denuncia puede aplazarse o encarrilarse por otras vías para llegar al gran público, que no pasa necesariamente por tomar puntualmente la calle. Se evita así caer en el individualismo y en el victimismo sin sentido.