Recibí un trabajo en un lavado de camiones, turno vespertino. Parecía sencillo, pero el lugar tenía una lista de reglas extrañas que debía seguir al pie de la letra. No podía abrir puertas de camiones, mirar sus espejos demasiado tiempo, ni quedarme fuera después de las 10:10 p.m. Al principio pensé que era una broma, pero cada noche algo nuevo y aterrador me hizo entender que las reglas eran mi única protección. Lo que habitaba en ese lugar no era humano, y romper las reglas significaba enfrentarlo. Escapé, pero la lista me encontró, recordándome que no se puede huir de algo así.