Llegué al poder pensando que era fruto de mi esfuerzo, pero pronto descubrí que estaba atrapado en un juego que nunca elegí. Una lista de reglas extrañas llegó a mí el día después de mi victoria, instrucciones absurdas que debían ser seguidas al pie de la letra. Ignorarlas significaba invitar algo oscuro a tomar mi lugar. Cada regla revelaba un peligro mayor, desde sombras que acechaban en los pasillos hasta figuras que hablaban en mis sueños. Mi cargo no era solo político, era un pacto con fuerzas que operaban más allá de mi comprensión. El precio del poder fue más alto de lo que imaginé, y al final, entendí que las reglas no eran una guía para mantenerme seguro. Eran una advertencia de que el verdadero costo estaba por venir.