Soy modista y me dedico a restaurar ropa de personas fallecidas. Lo que comenzó como un oficio tranquilo se convirtió en algo mucho más oscuro cuando descubrí que cada puntada que daba parecía despertar algo en mi taller. Figuras de quienes ya no están comenzaron a manifestarse, atadas a las prendas que reparaba. Con el tiempo, entendí que no solo cosía tela, sino que tejía puentes entre este mundo y otro. Tras enfrentar lo imposible, escribí una lista de reglas extrañas para protegerme y mantener esos límites. Ahora sé que el taller no es solo mío. Es un lugar donde las historias de los vivos y los muertos se entrelazan, y yo soy la guardiana de esa conexión.