Antes de saber que las estrellas estaban y ya nos alumbraban allá en lo alto, antes de aprender a hablar y escribir, estaba el susurro, aquel que nos acunaba en las noches, aquel, presente, en miedos de las noches veladores, para acostarnos y darnos las buenas noches con esa pequeña luz de la lámparilla en la habitación antes de empezar el sueño.
Todos tenemos un PreSusurro previo a la primera palabra, un balbuceo, eco del aquel susurro.