En este Episodio de 'Lo Inédito sobre los Evangelios Podcast" comentamos el Evangelio del Vigésimo sexto Domingo del tiempo Ordinario: La parábola del hombre rico y del pobre Lázaro.
En la Sección Espiritualidad: Conozca siete maravillas del Nombre de María
En la Sección Preguntas y Respuestas: Cómo se puede probar que el infierno existe?
En este programa, Dr. Saúl Castiblanco, Hnos. Pablo Vela y Gustavo Kralj, Heraldos del Evangelio.
Domingo 29 de Septiempre de 2019
XXVI Domingo del tiempo Ordinario
Evangelio Según San Lucas 16, 19-31
“19 “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. 20 Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, 21 y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. 22 Sucedió que se murió el mendigo, y los Ángeles lo llevaron al seno de Abrahám. Se murió también el rico, y lo enterraron. 23 Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahám, y a Lázaro en su seno, 24 y gritó: ‘Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero 25 Abrahám le contestó: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. 26 Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros’. 27 El rico insistió "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, 28 porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento’. 29 Abrahán le dice: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. 30 El rico contestó: ‘No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán’. 31 Abrahán le dijo: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto’” (Lc 16, 19-31).”