Escuchemos a un joven con discapacidad intelectual que lleva un ritmo de vida igual a cualquier otra persona. Se levanta, desayuna, va al trabajo en transporte público. Sí, sí. Persona con discapacidad intelectual que trabaja, que tiene empleo. A muchos, todavía hoy, les cuesta entender que a las pernas con enfermedades mentales no hay que tenerles pena.
Contra esos sentimientos luchan en la asociación ASINLADI. Una institución que se dedica a insertar en el mercado laboral a personas con alguna discapacidad intelectual.