Y eso no es normal. Aunque se repita mucho. Aunque se vea todos los días.
Porque cuando normalizamos esa forma de pensar, estamos construyendo relaciones basadas en el miedo, en la tensión, en la distancia. Estamos enseñando a una generación a no confiar, a no escucharse, a no entenderse.
Y las consecuencias van más allá del presente.