Cuando una persona es genuinamente feliz, no siente la necesidad de causar daño a otros. La felicidad no solo influye en nuestro bienestar individual, sino que también tiene un impacto significativo en nuestras interacciones sociales. Una persona feliz tiende a ser más compasiva, empática y comprensiva hacia los demás. Está en sintonía con sus propias necesidades y emociones, lo que le permite ser más consciente de las necesidades y emociones de los demás.