En este episodio reflexiono sobre aquello que no puede decirse del todo. A partir de *Rey Lear* y del recuerdo de un cuento de infancia, vuelvo a la pregunta por los límites del lenguaje: ¿cómo nombrar lo que desborda el corazón?, ¿cómo traducir en palabras lo que el cuerpo siente?
Las palabras son finitas, pero abren mundos. Cada cultura, cada duelo, cada paisaje —como los muchos verdes de Nayarit— les otorga matices distintos. Cuando el lenguaje no alcanza, quedan la música, la poesía, el silencio. Cierro con un poema propio que atraviesa la casa de la memoria y la ausencia, ahí donde la voz tiembla y, aun así, insiste en decir.