Una analogía de esta frase puede darse en la observación de nuestra galaxia a través de un telescopio; cómo saben los científicos que un meteorito está moviéndose; en mi razonamiento ellos harán cálculos basados en la distancia de ese meteorito contra otro objeto cercano, ya que el espacio es inmenso y sin ubicaciones exactas como la tierra lo tiene. Si un objeto permanece en un lugar, y hay otro que se aleja o se acerca, uno de los dos se está moviendo, o quizá los dos. A través de la historia hemos visto al ser humano degradarse en el pecado, pero existe la Palabra de Dios que nunca cambia ni deja de ser. Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Siendo esto así, ha sido el hombre el que ha estado constantemente moviéndose no solo hacia la civilización, sino también al pecado y a la degradación moral. La misma Iglesia y a su vez el Evangelio han perdido su esencia de sal y luz, porque ya no va a las Escrituras, sino a mensajes motivacionales de los hombres. Por tal razón, debemos estudiar la Palabra de Dios que no cambia, que es nuestro manual de vida, y al aplicarla producirá en cada creyente la regeneración hacia una nueva criatura en Cristo Jesús. Mateo 24:35, Santiago 1:21