No es infrecuente que en el momento inicial de la ruptura y durante el proceso se cometan errores por actuar con prisa y sin pensar bien las decisiones que se adoptan, normalmente porque se cree que es lo mejor, porque carece de la información adecuada, o porque actúa de manera impulsiva. Estos errores a menudo se pagan caros y hay que saber evitarlos a tiempo para que las consecuencias no sean de tal magnitud que lleguen a acarrearnos problemas de difícil o imposible reparación.