¿Qué ocurre cuando el día a día ocupa tanto tiempo que dirigir la empresa siempre queda para después?
En este segundo episodio de Los 100 dolores empresariales, analizamos qué sucede cuando el empresario dedica casi toda su atención a resolver incidencias, atender clientes, revisar trabajos y sacar adelante lo urgente, mientras las decisiones sobre prioridades, rentabilidad, equipo o futuro siguen esperando.
También vemos por dónde empezar a recuperar espacio para dirigir: observar en qué se está utilizando realmente el tiempo, distinguir qué tareas necesitan su intervención de aquellas que podrían asumir otras personas y reservar un espacio periódico para revisar prioridades, resultados, riesgos y problemas recurrentes.
El objetivo no es que el empresario deje de participar en el día a día, sino que esa participación no le impida ejercer una función que nadie más puede asumir por él: dirigir el conjunto de la empresa.