A mediados del siglo XX, Europa se vio envuelta en la conflagración más destructiva de su historia. La Segunda Guerra Mundial (1939–1945) no solo redefinió los equilibrios geopolíticos globales, sino que también aceleró de forma drástica el desarrollo de la ciencia y la tecnología militar. En este escenario, la Alemania nazi, bajo el liderazgo de Adolf Hitler, desplegó una ambiciosa —y brutalmente coercitiva— estrategia de movilización total, en la que la innovación tecnológica se convirtió tanto en un instrumento de guerra como en un símbolo propagandístico del supuesto destino histórico del Tercer Reich.