En medio de las dificultades, tanto individuales como familiares, es un consuelo saber que Dios es nuestro refugio y fortaleza. Él nos sostiene en los momentos de prueba, fortaleciendo no solo a cada persona, sino también a la familia en su conjunto. Al confiar en Él, encontramos unidad, apoyo y fortaleza para superar juntos cualquier adversidad.