La despoblación ha eliminado algunas farmacias, no todos los veterinarios pueden permitirse atender a un sólo núcleo, y lo mismo ha pasado con la medicina, donde el médico rural se ha convertido en un médico itinerante. Pero todavía quedan algunos que viven en la zona, y ya saben que no es infrecuente que a cualquier hora del día o de la noche, llamen a su puerta reclamando auxilio, porque el médico rural, que tiene su domicilio en el pueblo, sabe que está condenado a que su horario abarque las 24 horas del día.