Durante más de tres décadas, una familia de dibujos amarillos ha servido como espejo de un mundo que se vuelve cada vez más absurdo. Los Simpson no solo retrataron a su tiempo, lo archivaron, lo diseccionaron y lo convirtieron en un lenguaje universal hecho de ironía, ternura y repetición infinita, la memoria colectiva de una era que todavía seguimos viendo en su pantalla.