Javier García Blanco, periodista, fotógrafo y escritor. Prácticamente desde sus inicios, la Iglesia ha sido una institución con un gran poder, lo que la convirtió en un preciado objeto de deseo. En este sentido, durante muchos siglos, ocupar el trono de San Pedro significaba tener la potestad para coronar y deponer a reyes y emperadores, un poder que iba más allá del ámbito espiritual. Por lo que la historia ha estado marcada por numerosos pontífices que se vieron seducidos por las ansias de poder y cuyos actos, si se analizan hoy en día, fueron totalmente contradictorios con el mensaje de amor, respeto, y tolerancia que reflejan los Evangelios que debían representar.