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Continuamos con el libro del Levítico. El pasaje que leeremos hoy revela, con lenguaje ritual y solemne, el misterio de un Dios a la vez cercano y terrible: cercano porque habita en medio de su pueblo, terrible porque su santidad no admite la impureza. La nube que cubre el propiciatorio no es sólo signo de presencia, sino también de límite: el hombre no puede irrumpir en lo divino sin mediación.
By Humberto Tirado FernándezContinuamos con el libro del Levítico. El pasaje que leeremos hoy revela, con lenguaje ritual y solemne, el misterio de un Dios a la vez cercano y terrible: cercano porque habita en medio de su pueblo, terrible porque su santidad no admite la impureza. La nube que cubre el propiciatorio no es sólo signo de presencia, sino también de límite: el hombre no puede irrumpir en lo divino sin mediación.