El Comentario del Día

Lunes VII Pascua - 18.05


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LUNES VII DE PASCUA

san Juan 15,26-129-33

Vivir la hospitalidad

 

“Si estáis convencidos de que creo enel Señor, venid a hospedaros en mi casa”. Estas palabras de Lidia son toda unacoacción para Pablo y sus compañeros, pero una coacción que nace delagradecimiento por el don de la fe. Ahora, en tiempos tantos materialistas ydesconfiados, agradeceríamos algo con un poco de dinero o invitándole a algo,pero a pocos se les ocurriría meter a un desconocido en su casa. Parece quesomos poco hospitalarios, cuando ésta ha sido una virtud en gran cantidad depueblos y culturas. Pero dejar que alguien entre en nuestras casa, vea cómovivimos y trastee nuestras cosas nos parece una falta de intimidad. Tal vez esafalta de hospitalidad nos haga más recelosos y desconfiados. Pero en esta rectafinal de la Pascua tenemos que recuperar la virtud de la hospitalidad.

No digo que metamos a alguien ennuestra casa (aunque si es necesario no deberíamos permitir que nadie vivieseen la calle), pero sí tenemos que prepararnos para acoger al Espíritu Santo, eldulce huésped del alma. El Espíritu Santo se tiene que sentir como en su casa.Debemos dejarle que Él ponga y quite, coloque y ordene, tire lo innecesario yquite el polvo a lo olvidado. Puede parecer un huésped molesto, pero será laúnica manera de que nuestra vida de testimonio de Cristo.

“Cuando venga el Defensor, que osenviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, éldará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde elprincipio estáis conmigo.” Ahora que parece que hay tantos “entendidos” de lavida de Cristo, que dicen tantas tonterías, es un momento más apremiante paratratar al Espíritu Santo. Sólo Él, que actúa en la Iglesia y en nuestra alma engracia, nos puede mostrar el verdadero rostro de Cristo, y darnos aliento yalegría en las dificultades.

Ser acogedores con el Espíritu Santosignifica el derribar las puertas cerradas de nuestro corazón, el sacar a laluz lo escondido y estar dispuesto a que pueda iluminar cada rinconcito denuestra vida. Puede parecer difícil, pero si no es Él el que ilumina nuestravida dejaremos que nos invadan las tinieblas de nuestro egoísmo, de nuestraprepotencia o de nuestra soberbia. No pensemos que el estado ideal es tenernuestra alma para nosotros solos, eso nunca ocurre. O dejamos entrar alEspíritu Santo por la puerta, o se colarán por las ventanas la mentira y elpecado.

La Virgen María abrió de par en par laspuertas de su vida al Espíritu Santo. Vamos a pedirle a ella que nos enseñe,en estos días, a ser acogedores, a saber, darle hospedaje y no dejarlemarchar nunca.

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