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Ya tenemos la esperada primera encíclica del Papa Prevost, Magnifica humanitas. Nada más comenzar su pontificado, el Papa quiso trazar un paralelismo entre el contexto que vivió León XIII, un período de transformaciones trascendentales y disruptivas, y el momento actual. Con la histórica encíclica Rerum novarum, el Papa Pecci quiso afrontar las consecuencias de la primera gran revolución industrial; hoy, León XIV recoge el gran patrimonio de doctrina social de la Iglesia para afirmar el primado de la persona en plena revolución digital, y para reclamar “que sea siempre la inteligencia humana, con su conciencia y libertad, la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites”
En la historia siempre aparecen “cosas nuevas” que desafían a la Iglesia. Ella no tiene un prontuario de respuestas precocinadas, sino que trata de alumbrarlas con el Evangelio, con la experiencia de la santidad vivida, con el bagaje de un magisterio que va desarrollándose en el tiempo con el auxilio de la Gracia. Es todo un camino precioso que León XIV recorre en los dos primeros capítulos de la encíclica, mostrando la continuidad y la novedad a lo largo de los últimos 135 años.
La preocupación esencial del Papa no se centra en la potencia de la tecnología sino en el riesgo real de reducción de lo humano, algo que ya denunciaba Juan Pablo II mucho antes de que la IA se colara incluso en nuestra cocina. El desafío, subraya León XIV, “no es tecnológico sino antropológico”. La cuestión que verdaderamente importa no es lo que lograrán hacer las máquinas, sino qué podemos hacer nosotros para custodiar nuestra “magnífica humanidad”: nuestra razón, nuestra libertad, nuestra capacidad de amar, nuestra apertura constitutiva al Infinito. Y de esta forma, gobernar la tecnología para que sirva al desarrollo de cada persona y al bien común.
By COPEYa tenemos la esperada primera encíclica del Papa Prevost, Magnifica humanitas. Nada más comenzar su pontificado, el Papa quiso trazar un paralelismo entre el contexto que vivió León XIII, un período de transformaciones trascendentales y disruptivas, y el momento actual. Con la histórica encíclica Rerum novarum, el Papa Pecci quiso afrontar las consecuencias de la primera gran revolución industrial; hoy, León XIV recoge el gran patrimonio de doctrina social de la Iglesia para afirmar el primado de la persona en plena revolución digital, y para reclamar “que sea siempre la inteligencia humana, con su conciencia y libertad, la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites”
En la historia siempre aparecen “cosas nuevas” que desafían a la Iglesia. Ella no tiene un prontuario de respuestas precocinadas, sino que trata de alumbrarlas con el Evangelio, con la experiencia de la santidad vivida, con el bagaje de un magisterio que va desarrollándose en el tiempo con el auxilio de la Gracia. Es todo un camino precioso que León XIV recorre en los dos primeros capítulos de la encíclica, mostrando la continuidad y la novedad a lo largo de los últimos 135 años.
La preocupación esencial del Papa no se centra en la potencia de la tecnología sino en el riesgo real de reducción de lo humano, algo que ya denunciaba Juan Pablo II mucho antes de que la IA se colara incluso en nuestra cocina. El desafío, subraya León XIV, “no es tecnológico sino antropológico”. La cuestión que verdaderamente importa no es lo que lograrán hacer las máquinas, sino qué podemos hacer nosotros para custodiar nuestra “magnífica humanidad”: nuestra razón, nuestra libertad, nuestra capacidad de amar, nuestra apertura constitutiva al Infinito. Y de esta forma, gobernar la tecnología para que sirva al desarrollo de cada persona y al bien común.