La maternidad comienza con el reconocimiento del milagro de la concepción. Tomando como ejemplo a Elisabet (quien concibió en su vejez), Dios nos enseña que Él opera siempre por encima de cualquier limitación humana.
La maternidad comienza con el reconocimiento del milagro de la concepción. Tomando como ejemplo a Elisabet (quien concibió en su vejez), Dios nos enseña que Él opera siempre por encima de cualquier limitación humana.