Paul Lindstrom

Mapalé Mix


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El mapalé es un baile tradicional afrocolombiano originado en la costa Caribe, especialmente en regiones como Cartagena y Barranquilla. Sus raíces se remontan a los siglos XVI y XVII, cuando los esclavos africanos traídos por los colonizadores españoles a América introdujeron sus ritmos, danzas y tradiciones culturales.

El término "mapalé" proviene del nombre de un pez, el Cathorops mapale, conocido por sus movimientos rápidos y ágiles, que inspiraron la energía y la vitalidad del baile. Este se caracteriza por su ritmo frenético, movimientos acrobáticos y sensuales, acompañados de tambores, palmas y cantos que reflejan la herencia africana.

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En sus inicios, el mapalé era una expresión cultural y de resistencia de las comunidades esclavizadas, quienes, a través de la danza, mantenían vivas sus tradiciones y expresaban su identidad en un contexto de opresión.

Se bailaba en espacios comunitarios, como las plazas de los palenques, asentamientos de cimarrones, y estaba profundamente ligado a rituales y celebraciones. Los instrumentos principales, como el tambor alegre, el tambor llamador y las maracas, marcaban un ritmo polirrítmico que impulsaba los movimientos vigorosos de los bailarines.

Con el tiempo, el mapalé trascendió su carácter ritual y se integró a festividades populares, como el Carnaval de Barranquilla, donde adquirió un carácter más escénico y festivo. En el siglo XX, comenzó a representarse en escenarios formales, con coreografías estilizadas que preservaban su esencia africana, pero adaptadas para presentaciones artísticas. Los bailarines, usualmente en parejas o grupos, ejecutan movimientos que imitan el cortejo, con pasos rápidos, giros y contorsiones que destacan la destreza física y la conexión con la música.

Hoy en día, el mapalé es un símbolo de la riqueza cultural afrocolombiana, reconocido como patrimonio inmaterial. Se enseña en escuelas de danza y se presenta en festivales nacionales e internacionales, manteniendo su espíritu vibrante y su mensaje de resistencia y celebración de la identidad afrodescendiente. Aunque ha evolucionado, conserva su conexión con las raíces africanas y su papel como expresión de comunidad, fuerza y alegría.

El mapalé, como danza y expresión musical afrocolombiana, se acompaña de una instrumentación que resalta su carácter rítmico y enérgico, profundamente arraigada en las tradiciones africanas traídas al Caribe colombiano. El corazón del mapalé son los tambores, que marcan el ritmo frenético y polirrítmico característico.

El tambor alegre, de tamaño mediano y sonido agudo, lleva la melodía principal con patrones rítmicos rápidos que impulsan los movimientos de los bailarines. Complementándolo está el tambor llamador, de tono más grave, que establece una base rítmica constante, creando un diálogo entre ambos tambores que refleja la herencia africana de la polirritmia.

Otro instrumento esencial es la maraca, usualmente tocada en pares, que agrega texturas rítmicas y un sonido vibrante que acompaña los pasos y giros del baile. Las maracas, hechas tradicionalmente de calabazas secas rellenas de semillas o pequeños guijarros, aportan un contrapunto rítmico que enriquece la dinámica musical. En algunos casos, se incorpora el guache, un tubo metálico o de bambú lleno de semillas o piedrecillas, que produce un sonido similar al de las maracas pero con un timbre más metálico, intensificando la energía del conjunto.

Las palmas y el canto también son elementos fundamentales en la música del mapalé. Los bailarines y espectadores suelen acompañar con palmadas rítmicas, creando una atmósfera comunitaria que refuerza el carácter colectivo de la danza.

En presentaciones modernas, especialmente en contextos como el Carnaval de Barranquilla, pueden incluirse instrumentos adicionales como la caña de millo, una flauta de caña que aporta una línea melódica sencilla pero efectiva, o el tambor mayor, que refuerza los graves en agrupaciones más grandes.

Sin embargo, la esencia del mapalé sigue siendo su base percusiva, donde los tambores, las maracas y las palmas crean un ritmo contagioso que refleja la vitalidad y el espíritu de las comunidades afrocolombianas, conectando el pasado esclavizado con la celebración contemporánea.

El mapalé, como expresión cultural afrocolombiana, ha dejado una huella significativa en diversas formas de arte y expresión, incluyendo la literatura, el cine, el color y la moda, al transmitir su energía, simbolismo y raíces africanas. En la literatura, el mapalé aparece como un símbolo de resistencia e identidad cultural en obras de autores afrocolombianos como Manuel Zapata Olivella. Poetas y narradores de la costa Caribe, como Candelario Obeso, también han evocado su ritmo y vitalidad para retratar la vida de las comunidades afrodescendientes, usando el mapalé como metáfora de la libertad y la conexión con las raíces ancestrales.

En el cine, el mapalé ha sido representado en producciones colombianas y documentales que exploran la cultura caribeña. Películas como El día de la cabra (2017) o documentales sobre el Carnaval de Barranquilla muestran el baile como un elemento vibrante de la identidad cultural, capturando su dinamismo y su papel en las festividades populares. Escenas de mapalé en el cine suelen enfatizar su sensualidad y energía, con movimientos que reflejan tanto la tradición como la modernidad, sirviendo como un puente entre el pasado esclavizado y el presente festivo.

En términos de color, el mapalé inspira paletas vibrantes que reflejan su esencia alegre y enérgica. Los tonos rojos, amarillos, naranjas y verdes, comunes en los trajes de los bailarines, evocan la vitalidad del Caribe y la conexión con la naturaleza, como el pez mapalé que da nombre al baile.

Estos colores, combinados con el blanco y el negro, que simbolizan pureza y fuerza, se ven en vestimentas tradicionales y en reinterpretaciones modernas, influyendo en el arte visual y el diseño gráfico que busca capturar la esencia festiva del baile.

En la moda, el mapalé ha inspirado diseños que resaltan la libertad de movimiento y la sensualidad. Los trajes tradicionales, con faldas cortas para mujeres y pantalones ajustados para hombres, permiten la ejecución de movimientos acrobáticos y han influido en colecciones contemporáneas que celebran la cultura afrocolombiana.

Diseñadores como Esteban Sinisterra han incorporado estampados y cortes que remiten al mapalé, usando telas ligeras y colores vivos para reflejar su espíritu. Además, accesorios como turbantes y collares de cuentas, inspirados en la estética africana del baile, se han popularizado en la moda urbana y en pasarelas que buscan destacar la herencia cultural.

A través de estas manifestaciones, el mapalé trasciende su origen como danza y se convierte en un vehículo de expresión cultural que enriquece la literatura, el cine, el uso del color y la moda, consolidándose como un símbolo de identidad, resistencia y celebración en Colombia y más allá.

Es todo por hoy.

Relájense y disfruten del mix que les comparto. ¡Y a bailar mapalé, así no sepas cómo hacerlo!

Chau, BlurtMedia...

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Paul LindstromBy Siberiann