Descubrir mi propósito de vida, fue un proceso impregnado de experiencias transformadoras y aprendizajes profundos, que poco a poco me fueron ubicando en mi verdadero camino, aquel que yo sentía que debía de recorrer, más allá de mis propios límites y de los estándares sociales y familiares.
Me animé a dar el si, a ese llamado sutil del alma, y si bien no fue todo color de rosa, es de mucho valor atreverse a ser uno mismo, a seguir los dictados del corazón más allá de todos los obstáculos internos y externos, porque justamente son esos tropiezos y desafíos los que te van transformando y te hacen crecer en consciencia.