MESCO's Layers and Lines

Marta Traba y la Abstracción Geométrica: Arte Latinoamericano e Identidad Cultural


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Hola, queridos lectores de MESCO’s Layers and Lines. Soy Marianne, y hoy quiero compartir con ustedes una reflexión que me ha estado acompañando estos últimos días.

Hace poco, mientras leía la novela “Los Nombres de Feliza”, volví a pensar en Marta Traba. Esa crítica de arte argentina-colombiana que nunca dejó a nadie indiferente... porque tenía la capacidad de sacudirnos, de incomodar, de poner palabras donde a veces preferíamos silencio

.

Su figura me persigue desde hace años, pero esta vez la recordé con particular nitidez. Al pasar las páginas de la novela, volvieron a mi mente sus debates encendidos sobre la abstracción geométrica venezolana y su constante pugna con artistas como Jesús Soto.

Traba creía que el arte debía tener un compromiso... un vínculo directo con la historia y la realidad social de América Latina. Para ella, la abstracción geométrica —con sus líneas perfectas, sus formas matemáticas, su aparente neutralidad— representaba un peligro: un lenguaje universal que podía borrar lo particular, lo local, lo propio.

En sus textos no se guardaba nada: acusaba a ciertos artistas de buscar reconocimiento internacional a costa de la identidad cultural latinoamericana. Y en ese escenario, Soto, Alejandro Otero junto a Cruz-Díez y otros de la llamada “escuela cinética venezolana”, se convirtió en uno de sus grandes antagonistas.

Pero... ¿hasta qué punto tenía razón Marta Traba? ¿Acaso la abstracción geométrica es una traición a la identidad cultural venezolana o, por el contrario, una de sus expresiones más genuinas?

Cuando pienso en Soto y en su famosa esfera en Caracas —esa obra suspendida que vibra con el viento y con la mirada del espectador— me resulta imposible no verla como parte de la memoria visual y emocional de quienes crecimos rodeados de sus formas.

La geometría, lejos de ser un lenguaje frío, se ha vuelto parte del paisaje cotidiano y afectivo de Venezuela. No se trata solo de una estética internacional: es también un reflejo de la modernidad petrolera, de las utopías urbanas de mediados del siglo veinte, de la aspiración de un país que buscaba situarse en el mapa global del arte sin dejar de hablar desde su propio contexto.

En ese sentido, la tensión que planteaba Traba es fascinante: ¿puede un lenguaje abstracto y aparentemente universal cargarse de identidad local?

Yo creo que sí.

Y en mi propia práctica artística me encuentro con esa pregunta una y otra vez. Mis líneas, mis colores, mis composiciones geométricas son, de algún modo, herederas de esa tradición. Pero también llevan mi historia, mi subjetividad, mis emociones, mi mirada de mujer venezolana que ha transitado por ciudades como Caracas y Miami, que ha habitado la distancia y la cercanía con su tierra.

Hace poco, la Colección Juan Carlos Maldonado inauguró en Monterey, México la exposición “Convergencias / Divergencias: Dos estéticas, una sensibilidad”. Este proyecto, que pone en diálogo a artistas de la abstracción geométrica con otros lenguajes contemporáneos, nos recuerda que las fronteras no son tan rígidas como a veces creemos.

Que lo geométrico puede convivir con lo orgánico, que lo racional puede abrirse a lo sensible, y que la identidad no se agota en una forma única, sino que se teje en las tensiones, en las mezclas, en las contradicciones.

Volviendo a Marta Traba, me gusta pensar que su crítica, aunque dura, nos obligó a hacernos preguntas incómodas. ¿Qué significa ser artista en América Latina? ¿Hasta qué punto debemos dialogar con lo global sin perder lo propio? ¿Podemos reconocernos en un cuadrado, en una línea, en una vibración óptica?

Quizás su respuesta era un “no” contundente, pero su voz abrió un espacio de debate que todavía hoy resuena.

En mi caso, no puedo desligar la abstracción geométrica de la identidad venezolana. Crecí viéndola en edificios públicos, en museos, en plazas; la llevo en la memoria como parte de mi sensibilidad visual. Y aunque mi obra no busca “copiar” esa tradición, dialoga con ella desde lo íntimo, desde lo personal, desde esa necesidad de encontrar un lenguaje propio que a la vez reconozca sus raíces.

Al final, creo que la lección más valiosa no está en elegir entre las posturas de Traba o de los maestros cinéticos, sino en comprender que el arte es, sobre todo, un campo de tensiones. Y en esas tensiones nos descubrimos: entre lo local y lo universal, entre la tradición y la innovación, entre lo racional y lo emotivo.

Por eso quiero invitarte a leer con más profundidad estas reflexiones en mi artículo de mi página de MESCO’s Layers and Lines. Allí sigo explorando cómo la abstracción geométrica no solo nos conecta con una historia del arte latinoamericano, sino también con nuestras propias preguntas de identidad, pertenencia y memoria y te invito a dejar tus comentarios.

Tal vez Marta Traba tenía razón al señalar el riesgo de perder lo local en un mar de universalidad. Pero también es cierto que, a veces, las líneas rectas y los colores planos pueden contarnos más sobre quiénes somos de lo que imaginamos.

Gracias por acompañarme en esta reflexión.

Con cariño,

Marianne



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MESCO's Layers and LinesBy Marianne Sucre