La meditación contempla a la Virgen María como modelo perfecto de acogida de la voluntad de Dios, a la luz de Marcos 3, 31-35. María enseña que la verdadera cercanía con Jesús nace de decir “sí” cada día, con fe, humildad y fidelidad en lo ordinario, transformando trabajo, familia y dificultades en camino de santidad.