La meditación nos invita a mirar a Jesús con un corazón sincero y unificado, capaces de reconocer la acción del Espíritu Santo en nuestra vida cotidiana. A partir del Evangelio, descubrimos el peligro de la división interior: cuando cerramos el alma, justificamos el mal o desconfiamos del bien, la fe se debilita y perdemos la paz. Cristo quiere entrar hasta el fondo de nuestro corazón para liberarnos, perdonar nuestros pecados y devolvernos la unidad interior, pero necesita nuestra apertura humilde. Solo un corazón dócil, que no se resiste a la luz de Dios, puede vivir en verdadera libertad y caminar hacia la santidad en medio de la vida ordinaria, de la mano confiada de la Virgen María.