La meditación contempla el doloroso contraste entre la ilusión de Jesús por bendecir y sanar, y nuestra resistencia nacida de la costumbre. A partir del rechazo en Nazaret, se invita a despertar una fe viva que acoja a Dios en lo ordinario, supere la rutina espiritual y permita que Cristo actúe hoy, con la ayuda maternal de María.