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MARTES IV PASCUA
San Juan 10, 22-30
La “masa” de Satanás
“Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías”… Satanás tiene también su rebaño, y lo gobierna sirviéndose de asalariados. Jamás llama a las ovejas por su nombre, puesto que no las ama. Las trata como a una masa obediente, y las dirige sirviéndose de esa maldita pedagogía que, durante siglos, se ha demostrado eficaz para dirigir a las masas: el palo y la zanahoria. Si quiere que sus ovejas le entreguen dinero, le bastará con anunciar por televisión un automóvil de lujo y mostrar en el anuncio a una mujer ligera de ropa. Humilla primero a la hija de Dios, que ha vendido su cuerpo por un salario vil, y, convertida en zanahoria que cuelga del palo, atraerá en pos de sí millones de miradas hambrientas y un considerable número de bolsillos rotos.
Satanás controla bien los ’share’ de audiencia, y dirige como nadie ese mercado en el que jamás un hombre es atendido por ser quién es. No le interesan las personas, pero maneja bien los “recursos humanos” (así los llama, y así nos hemos acostumbrado a que nos llamen… ¿Pero es que a nadie le da miedo todo esto?). Con todo, bajo su estrategia reposa una premisa: la de que el pecado mortal es inevitable. “Caerás de todos modos” (parece susurrar en los oídos de los hombres), “¿Para qué resistirte?”.
“Nadie las arrebatará de mi mano”. Entonces comprendemos que somos destinatarios de una promesa de Dios: si rezamos, no caeremos. Y Él sabe bien cuánto nos gustaría disponer de tantos medios como dispone el Maligno para gritarlo al mundo: ¡Se puede vivir sin caer en pecado mortal! …
Soplarán vientos que nos harán estremecer; llegarán heladas terribles y tiritaréis; se levantarán tormentas, y puede que nos tambaleemos hasta tal punto que parezca que todo se viene abajo… Pero, si no dejamos la oración, no caeremos. En medio de esta calima pegajosa de sensualidad, se puede ser casto, se puede ser célibe, se puede ser virgen, se puede vivir sin mentir, se puede sobrevivir sin robar, se puede salir adelante con diez hijos, se puede ser fiel al cónyuge… ¡Se puede ser santo!
La Virgen no es un mito: tanto ella como los santos han vivido en este mundo, y en ellos se ha cumplido la promesa: “nadie las arrebatará de mi mano”.
By Ermita Virgen del Puerto Madrid RíoMARTES IV PASCUA
San Juan 10, 22-30
La “masa” de Satanás
“Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías”… Satanás tiene también su rebaño, y lo gobierna sirviéndose de asalariados. Jamás llama a las ovejas por su nombre, puesto que no las ama. Las trata como a una masa obediente, y las dirige sirviéndose de esa maldita pedagogía que, durante siglos, se ha demostrado eficaz para dirigir a las masas: el palo y la zanahoria. Si quiere que sus ovejas le entreguen dinero, le bastará con anunciar por televisión un automóvil de lujo y mostrar en el anuncio a una mujer ligera de ropa. Humilla primero a la hija de Dios, que ha vendido su cuerpo por un salario vil, y, convertida en zanahoria que cuelga del palo, atraerá en pos de sí millones de miradas hambrientas y un considerable número de bolsillos rotos.
Satanás controla bien los ’share’ de audiencia, y dirige como nadie ese mercado en el que jamás un hombre es atendido por ser quién es. No le interesan las personas, pero maneja bien los “recursos humanos” (así los llama, y así nos hemos acostumbrado a que nos llamen… ¿Pero es que a nadie le da miedo todo esto?). Con todo, bajo su estrategia reposa una premisa: la de que el pecado mortal es inevitable. “Caerás de todos modos” (parece susurrar en los oídos de los hombres), “¿Para qué resistirte?”.
“Nadie las arrebatará de mi mano”. Entonces comprendemos que somos destinatarios de una promesa de Dios: si rezamos, no caeremos. Y Él sabe bien cuánto nos gustaría disponer de tantos medios como dispone el Maligno para gritarlo al mundo: ¡Se puede vivir sin caer en pecado mortal! …
Soplarán vientos que nos harán estremecer; llegarán heladas terribles y tiritaréis; se levantarán tormentas, y puede que nos tambaleemos hasta tal punto que parezca que todo se viene abajo… Pero, si no dejamos la oración, no caeremos. En medio de esta calima pegajosa de sensualidad, se puede ser casto, se puede ser célibe, se puede ser virgen, se puede vivir sin mentir, se puede sobrevivir sin robar, se puede salir adelante con diez hijos, se puede ser fiel al cónyuge… ¡Se puede ser santo!
La Virgen no es un mito: tanto ella como los santos han vivido en este mundo, y en ellos se ha cumplido la promesa: “nadie las arrebatará de mi mano”.