De vender Spider-Man por diez millones a dominar la taquilla mundial. Marvel convirtió personajes “de segunda fila” en íconos globales y levantó el experimento narrativo más ambicioso del cine moderno. Pero detrás de la fórmula, los chistes y las explosiones, hubo algo inesperado: millones de personas sintieron que esas historias eran suyas. ¿Marketing perfecto… o algo más?