Todos cargamos con muchas responsabilidades laborales, familiares, sociales, personales y de más, y nos olvidamos de la misión que llevamos dentro desde siempre como cristianos, compartir a Dios desde donde estamos. Creemos que tenemos que ser “alguien de la Iglesia” pero nos olvidamos que todos somos Iglesia, y que la invitación de Dios a dar esperanza a los demás es universal, desde la realidad en la que estemos, las debilidades que tengamos, podemos y estamos llamados a ser luz en nuestra familia, trabajo, compañeros y quien se cruce en nuestro camino. El evangelio de Lucas nos recuerda esa misión que todos tenemos, y que no importa si no sabemos cómo lo haremos, Dios es quien se encarga de convertir y tocar corazones a través de nosotros.