El mal uso de las redes sociales en estos momentos de pandemia, genera el efecto perverso de convertir a simples usuarios en médicos y periodistas que no cesan de difundir información de la que desconocen el origen, que les pasa un amigo que sabe o que confirma su opinión sobre el problema. Por eso asistimos a un flujo de información incesante, desbordada y apremiante que aturde, bloquea los celulares, y aumenta la confusión y la desconfianza porque todo exceso de información genera desinformación y alarma innecesaria. De ahí que sea imprescindible controlar la pulsión de difundir lo que ya se sabe en la creencia de que nuestra información en la buena para evitar el crecimiento de la desinformación y del propio virus. Dejemos a los profesionales que nos cuente las novedades y acudamos a las fuentes oficiales si dudamos, pero no nos convirtamos en agentes de la confusión y la desinformación e inyectemos optimismo que buena falta hace