Dame el paseo de mañana. Uno solo, el que quieras, y te ahorro media hora de andar para nada con un perro que vuelve a casa igual de enchufado que salió.
Porque puedes hacer 40 minutos, una hora, los kilómetros que hagan falta. Tu perro llega con la lengua fuera y tú piensas: listo. Y al rato empieza a dar vueltas, a pedir, a no apagarse. No es que hayas andado poco. Es que le has cansado el cuerpo y le has dejado la cabeza encendida.
Y hay algo peor: andar y andar solo lo pone en forma. Lo que hoy le cansa en una hora, en un mes te va a pedir hora y cuarto. Y luego hora y media. Te estás fabricando un atleta.
En este episodio te cuento tres cosas:
Por qué andar no cansa a un perro, y qué estás construyendo sin querer cada vez que buscas kilómetros.
Qué le pasa en la cabeza cuando usa el olfato. Oler no es un detalle del paseo: para él, oler ES el paseo. Y cuando huele tranquilo y con tiempo, las pulsaciones le bajan solas. Justo lo contrario que la pelota.
Cómo es un paseo de olfato de verdad. Que no es soltarlo y que vaya a su bola mientras tú miras el móvil, eso es abandonarlo. Lo diriges tú: tú marcas la ruta, tú marcas cuándo se para y cuándo seguís. Te doy las dos formas de hacerlo, la fácil y la del juego de búsqueda con su propio pienso.
Un perro que ha resuelto su crucigrama llega más fundido que uno que ha hecho dos kilómetros. Y ese sí se tumba.
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Soy Álvaro López, adiestrador canino en Vitoria-Gasteiz y la persona detrás de Más que Adiestramiento. Aquí no hay atajos ni soluciones mágicas: el cambio siempre empieza por el guía.
Nos escuchamos en el próximo episodio.