Por mucho tiempo no me permití experimentar mis emociones negativas, dejarme llorar frente a quien fuera no era una opción. Y por supuesto que el andar reprimiendo esos impulsos me causaron daño, construyeron narrativas incorrectas sobre mi derecho de sentir. Han sido meses duros en los que he desaprendido ese estigma que yo tenía sobre mis emociones, en los que he trabajado intencionalmente para aprender a dejarme ser lo que por naturaleza soy (un ser humano) y no juzgarme por ello.