Un día como hoy, 28 de enero de 1946, Santiago amaneció con olor a pólvora y duelo. La Plaza
Bulnes, ese corazón cívico frente a La Moneda, no fue escenario de discursos ni ceremonias ese
día, sino de balas. Veintemil trabajadores se reunieron allí, convocados por la Confederación de
Trabajadores de Chile, en solidaridad con los obreros aliteros de Mapocho y Hammerstone. Protestaban por alzas abusivas en las pulperías, por el silencio del gobierno, por la represión sindical, pero la respuesta no fue un diálogo, fue fuego.