Ha muerto Greg Lake, y con él la foto de los iconos del rock and roll se difumina a un punto en que ya casi han desaparecido todos. Su aportación al mundo de la música fue imprescindible. Contribuyó añadiéndole al rock inteligencia, suavidad y exceso a partes iguales, y sin su marca, definitivamente, hoy nada sería el mismo.
Toda una generación de leyendas del rock está muriendo en lo que parece ser un llamado general a las armas. Su legado, su impronta y su sello han influenciado a millones de personas, han protagonizado momentos indelebles en el imaginario individual y colectivo, y han nos han dejado las llaves para abrir las puertas del delirio.
Hoy necesitamos nuevos iconos que sean capaces de conducir de nuevo al mundo a una situación en la que la música y el arte sean, de nuevo, el mejor atributo humano, pero hasta entonces, deleitémonos con quien ha sabido dejar algo a la humanidad tan bello como las canciones de Greg Lake.