El veintidós de febrero de 2019 fue un día para recordar en casa de Patricia y Mikel. Fue el día en que se enteraron de que iban a ser padres. Su embarazo transcurrió con total normalidad hasta que en la semana 30 en una analítica le diagnosticaron colestasis gestacional.
La colestasis gestacional es un trastorno del hígado durante el embarazo donde el flujo de la bilis se frena, acumulándose en la sangre y provocando una comezón intensa en el cuerpo (especialmente en palmas y plantas) sin causar erupciones.
La colestasis gestacional requiere un monitoreo médico estricto porque, aunque para la madre solo representa una comezón desesperante, para el bebé implica riesgos graves debido a la toxicidad de los ácidos biliares acumulados en la placenta. Los riesgos para el bebé son: parto prematuro, sufrimiento fetal en el embarazo o el parto, meconio en el líquido amniótico y muerte fetal intrauterina.
Aunque a Patricia sí le hablaron de estos riesgos y le mencionaron la muerte, la tranquilizaron diciendole que no tenía por que pasar. Tuvo un control más exhaustivo desde entonces y consiguieron controlarlo con medicación. El control en la semana 32 salió todo supuestamente normal.
Muy cerca de la semana 37 se dio cuenta de que llevaba varias horas sin notar a Patri. Al final del día al llegar a casa intentaron buscar el latido con un doppler de uso casero y no consiguieron encontrar el latido. En el hospital les confirmaron que no había latido. El día 01/10/2019 Patri nació sin vida. Patricia disfrutó del momento de conocer a su hija y el ratito que pudo estar con ella. Tras pedir el alta voluntaria, Patricia se fue a casa con los brazos vacíos pero con un acompañamiento inicial maravilloso.
Patri y su pareja hicieron entender a su entorno que Patri siempre iba a estar presente en la familia y que no la iban a olvidar. La pareja vivió el duelo de manera similar aunque no idéntica. Decidieron no usar los servicios de ningún psicólogo, se volcaron el uno en el otro y su entorno también les ayudó en su duelo.
Patri y Mikel no estaban casados (eran pareja de hecho) y por no estarlo no le concedieron la baja paternal a Mikel ya que no había certeza de que la niña fuera su hija. Finalmente, tras muchos periplos y papeleos consiguieron que se le aceptase la baja de paternidad. Muchísimas gracias, Patricia por contarme tu historia y por compartirla generosamente con el resto del mundo.