Por Valentín Roma
Los libros de Blanchot reúnen en un mismo gesto lo que podría considerarse como la aspiración de toda gran escritura, aquello más urgente que demanda cualquier escribir: fundar un mundo, inventar una primera persona y desordenar ambas cosas. Pero a la vez, los textos de Blanchot constituyen un «estado de la palabra», otro régimen desde el que leer el tiempo histórico y las acepciones políticas frente a las cuales nos rebelamos...