Jesús restaura a un hombre que durante mucho tiempo había estado poseído por demonios. Aunque muchos intentan ignorar el poder del maligno, la verdad es que el diablo es real y siempre buscará destruir la obra de Dios. Cristo es nuestra única alternativa ante los ataques del mal, y Él lo ha vencido por nosotros. Los creyentes debemos confiar en Aquél que se ocupa del diablo y sus huestes.