Perdemos la cabeza con aquellas situaciones de las que no tenemos control; esto nos hace más infelices y angustiosos. Esto sucede porque creemos que podemos controlar situaciones externas a nosotros, sin embargo, no podemos. De lo único que si tenemos control es sobre nosotros, sobre nuestro interior; solamente tenemos control de nuestra capacidad de reacción ante lo que no podemos controlar. Cuando aceptamos esta idea, nos quitamos un gran peso de encima que nos perturba diariamente sobre asuntos incontrolables. Como decían los antiguos filósofos estoicos: no es lo que nos pasa, sino cómo reaccionamos ante lo que nos pasa.