Al estudiar la fiesta de las primicias, encontramos que se trata de una celebración que antecede incluso a la ley de Moisés. Se trata de un sacrificio presentado al Señor desde las primeras generaciones de la Tierra. La ofrenda que presentaron tanto Caín como Abel nos deja una clara enseñanza: ¿Le estamos ofreciendo al Señor simplemente de lo que tenemos, o lo primero y lo mejor de lo que tenemos? ¿Le ofrecemos de nuestros recursos, de nuestro tiempo y habilidades?.
La fiesta de la cosecha es para dar; para dar lo primero y lo mejor a Nuestro Dios.