"Sí, católicos, los cuidados de la tierra siempre son activos; nada nos acobarda, ni los obstáculos, ni las fatigas, ni los contratiempos. Los cuidados de la tierra siempre son prudentes; en nada nos engañamos en este punto, ni en los peligros, ni en los lazos, ni en las dudas, ni en la concurrencia de muchos negocios; pero no nos sucede esto con los cuidados de nuestra salvación; no hay para nosotros cosa más tibia ni más indiferente, aunque en ellos sean muy de temer los peligros; en nada procedemos con tanta imprudencia, aunque la multitud de caminos, y el número de los escollos hagan en ellos tan frecuentes los engaños. Es preciso, pues, trabajar en este negocio con actividad y prudencia; con actividad, para no desanimarse; con prudencia, para no dejarse engañar. "