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Tal vez hoy tú también enfrentas una noticia difícil, una enfermedad, un problema que parece no tener solución. Recuerda que Dios ve tu dolor, escucha tu oración y es capaz de traer sanidad y restauración.
Quizá hoy te sientes insuficiente para enfrentar los retos delante de ti: recursos limitados, fuerzas agotadas o capacidades que no parecen suficientes. Recuerda que lo que importa no es cuánto tienes, sino en manos de quién está.
Dios no se ofende por nuestras preguntas sinceras. Él nos invita a acercarnos, tal como somos, con nuestras dudas, temores y heridas. Y aunque nuestras emociones cambien, la fidelidad de Dios permanece.
Él desea hoy lo mismo para ti. Dios tuvo el control y fue victorioso en todo lo que sucedió en la cruz, tal como lo es en lo que estas experimentando en este momento.
Momentos en los que pareciera que Dios está lejos o que la esperanza ha desaparecido. Pero este pasaje nos recuerda que Dios no está ausente en la oscuridad; muchas veces está obrando de manera más profunda de lo que podemos ver.
Aun sabiendo el sufrimiento que vendría, Jesús se mantuvo enfocado, obediente y lleno de amor. Él les da instrucciones específicas a sus discípulos, y todo se cumple exactamente como lo dijo.
Él camina contigo en el valle de sombra. Y aunque sabe que vendrá un milagro, Él valida tu proceso.
Al igual que Marta y María, a veces no escuchamos respuesta alguna a nuestras oraciones, pero eso no significa que Jesús no esté obrando. El silencio de Dios no es ausencia. Es preparación.
Jesús dio su vida porque somos preciosos para él. Pero si Él sacrificó tanto por nosotros, ¿cómo es que dudamos de Él en otras áreas de nuestras vidas?
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