La sexualidad es una realidad maravillosa dispuesta por Dios para la entrega mutua en el matrimonio y la apertura a la procreación.
Si no se respeta su verdad interna, nos destroza y nos hace caer en la impureza, en el egoísmo carnal.
Pedir a Dios, con humildad: Señor, si quieres, seré limpio